Editorial

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El año pasado, Vertebral fue el más enconado defensor de los derechos de aquellos alumnos que eligieron estudiar una carrera técnico profesional y que el gobierno, arbitraria y discriminatoriamente, los dejó sin la posibilidad de acceder a la gratuidad, situación que fue reafirmada por el Tribunal Constitucional (TC) en un inédito y robusto fallo. Y este año, nuestra asociación gremial se ha convertido en voz activa e influyente para aportar su visión y exigir igualdad de condiciones en el proyecto de ley de Reforma a la Educación Superior que está pronto a ingresar al Congreso.

Cuando se habla de reforma, lo que se busca modificar es una concepción y un mecanismo de ejecución que no sólo quiere mejorar aquellos aspectos considerados erróneos o perfectibles en el pasado, sino que mire hacia el futuro. Es necesario enfocar los esfuerzos en discutir lo que el país demanda para los próximos 50 años. Y esto es precisamente de lo que carece el proyecto que hasta hoy se conoce a través de minutas.

Pese a que Vertebral ha trabajado en conjunto con el Ministerio de Educación y ha aportado diversas visiones al proyecto de ley, consideramos que aún se mantienen algunos puntos críticos. Se trata de una reforma que no tiene visión, que carece de metas específicas y que no contempla objetivos, al menos explícitos. En definitiva, una reforma sin rumbo.

Y no sólo eso: parte de una estructura discutible. Se enfoca primero en los mecanismos e instrumentos y no deja espacio para una reflexión profunda y acabada sobre la educación que queremos para formar a los profesionales del futuro de nuestro país, algo esencial cuando estamos hablando de la transformación más grande en esta materia en 30 años.

A la luz de la historia reciente, es prudente y razonable querer impedir situaciones como la protagonizada por algunas instituciones de educación superior que fueron intervenidas y cuyos resultados son lamentables para el sistema de educación superior en su conjunto , pero al mismo tiempo, consideramos igualmente esencial tener una mirada en lo que viene, en Chile y sus nuevas necesidades. Ese es el verdadero sentido de “reformar”: crear futuro.

Si se analizan casos de países como Irlanda, Australia, Nueva Zelanda o China, que también han introducido reformas educacionales pensadas a largo plazo, la discusión se ha centrado en los objetivos que quieren alcanzar. En cambio en Chile el debate ha girado en torno a mecanismos, instrumentos o instituciones. No existe un norte que esté guiando esta reforma que pareciera más bien instrumental y no la gran discusión de fondo sobre la Educación Superior en Chile.

Con esta primera visión que tenemos del proyecto de ley gracias a las minutas entregadas por el Gobierno, se observa un afán más bien regulatorio, de control. Echamos de menos los grandes temas que hoy cruzan la educación a nivel mundial. Necesariamente debe existir una mirada sobre las tendencias internacionales, donde aspectos como la educación a distancia, que es una arista que ya ha comenzado a ser explorada por algunas instituciones en Chile, esté incluída. Debe además haber espacio para la innovación educativa. La reforma, así como la conocemos hoy, no se hace cargo de nada de esto.

¿Para qué se está pensando reformar la educación? ¿Se quiere desarrollar más la educación técnica que la universitaria? ¿Se quiere ampliar la cobertura en la Educación Superior? ¿Se quiere determinar las grandes necesidades que tiene el sector productivo y definir una política que apoye estas necesidades y la pertinencia de las carreras? El proyecto como está sólo nos deja dudas y como Vertebral creemos que no podemos dejar pasar esta oportunidad histórica de pensar y debatir sobre la educación superior que el país merece y sobre todo, necesita.